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Emprender, más que una buena idea

 Emprender es sinónimo de perseverancia, de ir hacia adelante o más bien de mantenerse en un estado de permanente movimiento. Pero, ¡cuidado! El acto de emprender no significa correr como un caballo desbocado hacia cualquier tipo de oportunidad que se presenta. Al contrario, ya que el ADN emprendedor, su eficacia, depende principalmente de la mesura, una característica que nos ayuda a potenciar otras cualidades, entre ellas, la capacidad para observar y anticipar posibles escenarios.



Ya lo decía el economista estadounidense Michael Porter, con sus famosas 5 fuerzas que definen la rentabilidad de las empresas, y que son posibles amenazas en torno a competidores, nuevos productos, negociación de proveedores, negociación de consumidores y la rivalidad entre competidores. Todo lo anterior se concentra en una acción que es clave, la de saber pre-diagnosticar las dinámicas atingentes a cada uno de los stakeholders señalados. 

Según el estudio “Estadísticas de startups 2022: 25 hechos y tendencias que debes conocer”, de la consultora First Site Guide, el 29% de las empresas fracasan por falta de financiación, a la vez que 42% suele malinterpretar la demanda del mercado. Otros contextos son la mala organización del equipo (23%) y problemas de costos (18%). 

Saber interpretar los escenarios que podrían afectar o potenciar un emprendimiento no es sólo el poder realizar un análisis FODA o encuestas cualitativas y cuantitativas, sino también ir a la calle, es decir, tomar el pulso, conversar, evaluar y, sobre todo, observar patrones de comportamiento. Tenemos ejemplos emblemáticos de empresas multinacionales, que en alguna oportunidad fueron parte de la memoria colectiva, si bien hoy ya no existen. En este grupo podemos encontrar a Blockbuster, compañía que no previó el impacto del streaming; Atari, cuyos líderes no pudieron asimilar la era de las consolas de videojuegos; y Nokia, cuyo reinado quedó opacado ante la irrupción de iPhone y Android.

Es así que la capacidad de emprender, y de mantenerse en el tiempo, depende de evaluaciones asertivas, cuyas conclusiones nos permiten definir los objetivos estratégicos que nos ayudarán a potenciar una fortaleza, mitigar una debilidad, detectar y tomar una oportunidad, y evitar amenazas. En un reciente evento de Emprende Tu Mente, en donde tuve la oportunidad de mentorear a emprendedores mayoritariamente millenniales, pude comprobar que palabras como diagnóstico, análisis y el desarrollo de estrategias de negocios, son elementos usualmente ajenos a sus realidades creativas. En vez de ello, disponen de una buena idea, y piensan que desde un garage serán los próximos Steve Jobs. Sin embargo, el creador de Apple, que sí surgió desde el garage de la casa de sus padres, lo hizo a partir de estudios, evaluaciones y una comprensión sobre el impacto de la informática en las sociedades modernas. 

Hoy no podemos decir que no hay plata o que no puedo surgir como emprendedor por falta de inversionistas. Finalmente, el acceso a capital resulta a partir de buenas ideas, pero con los diagnósticos adecuados. La idea representa el 10% del valor del emprendimiento, y el 90% restante se gesta en diagnósticos, análisis, conocimientos, alianzas, partners y una correcta administración. Emprender es ser integral en torno a todos estos elementos, y cuando estos se integran al ADN emprendedor, recién podemos pensar en grande.

Por: Jan Rusch, Co-Fundador de GrupoTusMaquinas